sábado, 14 de marzo de 2009

Para qué putas seguir soñando, entonces?

Ya sé, soy la única que posteo. Por alguna razón a Laura no la deja el sistema (si, todo es culpa del sistema siempre) y Simone no sabe como.

Hoy estoy desilucionada, gente, profundamente desilusionada. Probablemente este escrito debería ir para mi diario, o mi blog personal, o no sé... y seguir con otro posteo sobre la vida estudiantil con más humor negro y que sea más lindo de leer. Pero no puedo quedarme callada.
Hoy estoy desilusionada porque siento que en este mundo basura las buenas ideas, las buenas intenciones, la inteligencia.. nada de eso vale. Acá la plata te abre las puertas, te abre el mundo, te da todo. Si tienes plata y un toque de suerte.. eres lo más feliz que cabe. NO SE PUEDE SER FELIZ SIN PLATA, acéptemoslo. No se puede. El filósofo que haya dicho (ya sé que lo dijimos en clase, y no, no puse atención) que la felicidad completa estaba en actuar bien, ser ético, hacer el bien, estaba profundamente equivocado. Necesitas plata para ser feliz. Obviamente la plata no te asegura la felicidad, si te ganas la lotería no te ganas también el certificado de "felices por siempre", pero sin plata no eres feliz. Necesitas la lotería y luego si mirar en dónde y cómo es que se consigue el certificado.
Alguien que se la pasa angustiado por no saber si tiene para comer, no saber si tiene donde dormir esta noche, no saber si a sus hijos los va a atender alguien cuando se enfermen. Alguien así no tiene acceso a la felicidad.


Yo hoy estoy profundamente desilusionada porque el proceso de selección para los alumnos que se van al Winchester College (y perdón si alguien se siente ofendido) está completamente basado en la plata. Ocho miserables millones de pesos me separan de cumplir uno de los sueños de cuando era chiquita... Ni el nivel de inglés, ni la falta de cultura general, ni el historial delictivo. No. Ocho millones de pesos. Y me da tanta impotencia no poderlos sacar de ningún lado, y tanta rabia saber que mi mamá tampoco puede... que ya es complicado llegar a fin de mes, conseguir esa plata es imposible. Y me pasa, me pasa todos los días.
No me estoy quejando, no me malinterpreten... o bueno, sí, si me estoy quejando, pero no estoy diciendo que soy la persona más pobre del planeta, ni que me estoy muriendo de hambre, ni que no agradezco lo que tengo. No, tengo una casa (¡un techo! lo imposible que se ve eso para algunas personas), tengo comida (siempre, aunque a veces no sea ni de la mejor marca, ni la más cara, ni lo que quiero..pero puedo comer proteína todos los días, vamos, que hay gente que come aguapanela y periódico), tengo agua (¡potable, gente, potable!), luz, teléfono, internet. Pero estoy atada ahí. Atada a no poder tener plata para nada más.

Y me molesta, me desespera ver gente que se gasta millones de pesos en peluquería, en ropa, en zapatos. Y ver tanta gente inteligente, noble, berraca... totalmente jodidos, porque sí. Porque así es la vida. No hablo de mí, hablo de un universal, del mundo. Hablo de que hoy, hoy, no me dan las ganas, ni la fuerza, para seguir viviendo en, perdónenme el término, un mundo así de mierda. Hoy sólo quiero sentarme en mi cama y llorar.. por mí, por ustedes, por la indigente de la esquina, por la que se compra un vestido de 1.500 dólares, por los niños que desayunan aguapanela con papel, por todos. Llorar hasta quedarme dormida, llorar hasta que la desilusión se me seque y la ilusión y la esperanza vuelvan. Llorar hasta mañana, que capaz mañana vuelva a ser la misma idealista con ganas de cambiar el planeta... o que capaz mañana me acostumbre a esto, o que capaz no me despierte.

Buenas noches, gente.

Luna.

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